El autocuidado en el duelo

El duelo es un proceso complejo, es un viaje hacia lo desconocido. Las personas se enfrentan a diversas situaciones en un ritmo propio, por lo que este transitar es distinto en cada uno, por lo que para algunos será subir a una montaña, mientras que para otros será cruzar un río. Independiente del camino que haya que recorrer, habrá obstáculos y situaciones que enfrentar.

Sea cual sea nuestro viaje, hay algo que hay que tomar en consideración: tenemos que estar sanos y aprender a cuidarnos. De no ser así, agregaríamos un peso a nuestra mochila de viaje, incapacitándonos a avanzar.

El cuidar de uno mismo se vuelve esencial en este proceso. Hay cuatro dimensiones que hay que tener en cuenta: la física, la emocional-relacional, la cognitiva y la espiritual.

La dimensión física

Después de la noticia del fallecimiento de un ser querido, nos encontramos agotados, nos duele todo, hay una pesadez, como si nos hubiesen dado un golpe fuerte. Podemos querer hacer todo, o a la misma vez hacer nada. Sin embargo, sea cual sea la dificultad del camino, hay que resistirlo. Por ende, cuidar nuestro cuerpo es esencial.

¿Cómo cuidarme físicamente? Cuando te sientas acelerado, respira lentamente. Descansa y organízate para hacer las cosas con calma. El mejor avance es detenerse. Puedes hacer ejercicio (caminar, bailar, nadar, subir montañas, practicar deportes), lo cual te ayudará a dormir mejor y a regular el estado de ánimo. Evita las grasas y come de manera saludable. Descansa bien e intenta relajarte antes de ir a la cama.

La dimensión emocional-relacional

Frente a un duelo, hay un tornado de sentimientos y emociones que aparecen, que están ligadas a la vida relacional. Uno puede evitar hablar con otros, tendiendo al aislamiento a pesar de que no lo deseemos.

¿Cómo cuidarme emocional y relacionalmente? Está con quien desees estar, con personas tranquilas con quien te sientas cómodo. Es reconfortante dejar que otros cuiden de ti, permítete ese descanso. Explica y advierte a los demás que a veces tendrás días buenos y otros malos. Di tus necesidades, y permítete sentir tus emociones.

La dimensión cognitiva y mental

A veces hay confusión, no nos concentramos y podemos olvidar algunas cosas. Es como si estuviéramos perdiendo la cabeza. Lo cual no es real, ya que después de un duelo la capacidad intelectual puede disminuir por el impacto emocional. Sin embargo, todo pasa.

¿Cómo cuidarme cognitiva y mentalmente? No hay que exigirse mucho en este periodo, es un momento para ti. Evita el negativismo, la violencia, los ruidos. Rodéate de un ambiente sensible, cuidadoso y de respeto. Puedes hacer una lista de objetivos a corto plazo, para poder organizar tu día. No tomes decisiones importantes, no podrás meditar bien las consecuencias o errores no deseados.

La dimensión espiritual

Hay una parte espiritual en todos nosotros. Cuando fallece alguien querido, aparecen muchas preguntas como ¿cuál es el sentido ahora?, ¿quién soy sin él/ella?, ¿qué es la muerte?, ¿qué hay más allá? Nos llenamos de dudas independiente de la religión o las creencias que tengamos.

¿Cómo conectarme con lo espiritual? Puedes buscar cosas que te nutran espiritualmente como la música y el arte; todo aquello que te ayude a vivir tus dudas en la acción simbólica, lo que no podemos expresar. Puedes practicar el silencio, hacer rituales, buscar lo que te haga sentido. Uno puede buscar el significado de lo que está pasando. Sin embargo, a veces no hay un porqué o un para qué, las cosas simplemente son. De fondo hay una aceptación de aquello que no se puede evitar en la vida. A veces, cuando no tenemos respuestas deseadas o no nos hacen sentido, hay que renunciar a las mismas y disfrutar el momento presente.

Por: María Ignacia Sandoval, psicóloga.

Fuente: Payás, A. (2014). El mensaje de las lágrimas. Una guía para superar la pérdida de un ser.

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