NUEVO: Mitos en torno al duelo que nos impiden avanzar

La separación, inesperada o no, con alguien significativo y con quien se estuvo estrechamente vinculados, debido al fallecimiento, nos lleva a un camino de alto impacto emocional: el duelo. A veces, como respuesta a este gran dolor por la pérdida de un ser querido, se alzan muros de silencio en torno al sufrimiento, impidiendo poder hablar de lo que uno siente y piensa. En la base de estos muros de silencio están los mitos sobre el dolor, el duelo y el supuesto proceso que hay que llevar. A continuación, se mostrarán algunos de estos mitos y cómo poder combatirlos.

1. El tiempo cura todo, incluso el dolor. El duelo es una herida emocional que puede, como no, cerrarse con el tiempo. Hay heridas tan profundas que el tiempo no las puede curar, y la única manera de poder sanar es acercarte a ellas y escucharlas. Hablar sobre el duelo, poder desahogarse y apoyarse en otros es una manera de reconciliarse con el dolor y evitar que la emocionalidad se intensifique a tal grado de ser poco tolerable. En este sentido, el duelo no se cura necesariamente con el tiempo, sino con lo que uno haga con ese tiempo.

2. Si expresamos nuestro dolor, nos hacemos daño a nosotros y a los demás. La expresión de nuestra aflicción por la muerte de un ser querido, ya sea el llanto, los gemidos, los gritos o suspiros, son la manera en que tenemos los seres humanos de comunicar a los demás que estamos heridos.

El llanto, sobre todo, tiene una función social de buscar apoyo emocional, lo que nos permite acercarnos a otros y así poder curar aquello que lamentamos. El cuerpo es sumamente sabio, y cuando las lagrimas quieren brotar, es porque lo necesitamos; es la manera de liberar la tensión luego de un gran estrés emocional, produciendo un efecto sedante y antidepresivo (de ahí el alivio que viene después de llorar). En este sentido, lo que realmente daña es no poder expresar aquella aflicción que tenemos dentro al perder a alguien.

Por último, el llanto no daña a nuestro entorno, sino que nos permite conectarnos con nuestro dolor y permitir tener un espacio de apoyo mutuo (y para aquel que escucha el dolor, el solo hecho de estar ahí le permite sanar las heridas a quien sufre).

3. El dolor solo debe ser expresado en la intimidad y no fuera de ella. Es común oír que las personas fuertes son aquellas que no lloran y se muestran fuertes. Sin embargo, los valientes son quienes tienen el valor de compartir su sufrimiento, mostrarse vulnerables cuando es necesario y contenerse cuando la situación lo requiere. Es tener la capacidad de conectarse con su dolor y desconectarse para poder aliviarlo y disfrutar la belleza de la vida.

4. Hay que desvincularse para superar el duelo. Para poder pasar por el duelo hay que aceptar la muerte del ser querido. Hay que acoger el sufrimiento y dejar que fluyan las emociones. Sin embargo, no es posible desvincularnos de aquellas personas que han sido importantes en la vida de uno (y tampoco es necesario intentar hacerlo). La realidad es que seguimos relacionados con nuestros seres queridos de otro modo; permanecen en nosotros en las memorias y recuerdos, las cuales están impregnadas de emociones.

Estas memorias al comienzo podrán llevar a un dolor profundo de añoranza por las épocas perdidas, pero llegará un momento en que estas memorias enriquecerán el presente y nos guiarán hacia el futuro. Nuestros vínculos con quienes se fueron nos ayudarán a analizar las situaciones de la vida y tomar decisiones. Sobre todo, nos harán recordar el placer de vivir y de apreciar las experiencias cotidianas que nos rodean.

Por María Ignacia Sandoval, psicóloga.

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